La forma en la que los niños vivan las dos posibilidades de resultado de una competencia: Vencedor o vencido, depende de buena forma del mensaje que reciban en casa y cómo hayan sido educados en esto. La frase es común: “Lo importante no es ganar, sino competir” y se puede escuchar previo a cualquier tipo partido o certamen en la que los niños participan. Para ellos, cualquier juego o disputa es una buena oportunidad para hacer uso de sus talentos y capacidades, y así demostrarlos.
Sin embargo, no siempre ellos lograrán el resultado que anhelaban, por lo que cuando sucede esto y hay alguien que saltó más alto, llegó en primer lugar, sí alcanzó el pasamanos o simplemente corrió más rápido, habrán algunos niños que seguirán adelante con la diversión, mientras otros, sufrirán un ataque de irá o enojo.
Angela Marulanda, autora del libro Sigamos Creciendo con Nuestros Hijos, de Editorial Norma explica que muchos padres se indignan cuando ven a su hijo o hija tirar con rabia la raqueta, o retirarse furiosa de la competencia porque perdió el partido o el concurso, y puntualiza: “Toma 15 años aproximadamente desarrollar la capacidad necesaria para ‘aprender a perder’. Aceptar las fallas, reconocer los errores y tener el coraje de admitir que somos imperfectos, es el resultado de un proceso de madurez que no se da de la noche a la mañana”.
Los padres pueden fortalecer en gran medida la formación de sus hijos si les ayudan a que tomen sin aprensión situaciones que los pueden contrariar o desagradar, es decir, que su estado de ánimo no se vea afectado si algo no ocurre como desean. Esto ayudará a que generen tolerancia a la frustración y que den un importante paso hacia su
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